Jueves  14 de Mayo de 2020

¿La moneda digital China desafía el poder de EE.UU.?

¿La moneda digital China desafía el poder de EE.UU.?

El reciente anuncio de que la moneda digital china ha entrado en una fase de prueba y se espera que esté en pleno funcionamiento en un futuro próximo reaviva el debate sobre el futuro del sistema monetario y financiero internacional. Esta noticia se vincula con los recurrentes pronósticos, hasta ahora frustrados, de la inminente caída del poder global de Estados Unidos y de su moneda, el dólar, como principal moneda internacional. En este caso también en relación con las posibilidades de que las nuevas tecnologías revolucionen la propia naturaleza de la moneda.

Que esta iniciativa china pueda representar una ruptura inmediata del statu quo en el sistema monetario y financiero internacional confunde distintos planos analíticos y conceptuales, por lo que se puede afirmar que está lejos del horizonte ese desenlace. El impacto de que China elabore una moneda totalmente digital combina tres cuestiones que parecen estar relacionadas, pero que deben distinguirse conceptualmente para poder entenderse.

  • La cuestión de la viabilidad de una moneda que sea integralmente digital;
  • En relación a este punto, la existencia de una moneda digital significa que una privada como el bitcoin o la libra de Facebook podría sustituir la(s) moneda(s) estatal(es).
  • El éxito de la moneda digital china significa que está disputando el poder mundial financiero de EE.UU., en particular porque ha anunciado que la misma no estaría relacionada al dólar estadounidense.

Las tres dimensiones tienen respuestas distintas.

1. ¿Una moneda digital es factible?

En primer lugar, es factible que una moneda sea integralmente digital.

Desde hace siglos, ya con la aparición de Letras de Cambio o simples pagarés, se supo que el ciclo de pago no necesariamente precisa de un objeto material. Keynes en el Tratado sobre la moneda había estipulado que la unidad de cuenta—es decir, la medición de valor—constituía la función principal de la moneda, por encima de ser medio de pago y reserva de valor. Crecientemente la circulación monetaria viene dispensando la materialidad monetaria (billetes y monedas) con el uso de la tarjeta de crédito o de internet. Los agregados monetarios desde hace años superan ampliamente la impresión de billetes y monedas materiales. El yuan digital es una forma adicional de expresión de la moneda estatal china. Innova tanto como los diversos instrumentos históricos de expresión monetaria han innovado, como el papel moneda, cheques, tarjetas de crédito y débito y el uso de teléfonos celulares para realizar pagos, por nombrar algunos.

El contenido de la moneda reside en su capacidad para ejercer plenamente las funciones de unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor. Una moneda completa debe ser un punto de referencia para precios y contratos y, por lo tanto, ser el medio por el cual los derechos de propiedad se transfieren entre los agentes económicos, tanto en el presente como a lo largo del tiempo. El desarrollo histórico de los estándares monetarios, el crédito y la intermediación financiera es la base para la expansión de las empresas mercantiles.

El contenido de esta importante convención social se expresa en "formas" que pueden cambiar debido a los avances sociales y tecnológicos. La moneda puede ser física (monedas, billetes representativos, letras de cambio, etc.) o virtual, en la que los débitos y créditos se liquidan con ‘dinero plástico’ (tarjetas de débito y crédito) y ‘dinero electrónico’ o ‘digital’- para el uso de teléfonos celulares, criptomonedas, etc.

2. Surgiendo una integralmente moneda digital, ¿esta podría ser privada?

Este punto conecta al siguiente, es decir, si el hecho que exista una moneda integralmente digital, ésta podría ser privada, como el bitcoin, y ya no estatal.

Aquí la respuesta es negativa. Pero esto no tiene nada que con el carácter físico de la moneda. Tiene que ver con la constitución social capitalista.

La confusión es grandemente causada por la visión ortodoxa de la economía que continuamente trata al Estado como un mal necesario y casi marginal de la actividad económica privada. En realidad, la sociedad capitalista surge de la constitución de los Estados nacionales que, entre otras cosas, estipulan una moneda y su valor en cierto espacio geográfico. Es sobre esa moneda que los privados buscan acumular riqueza.

Si un privado fuese el encargado de gestionar esa moneda, estaría acaparando la validación social de la acumulación privada siendo que también estaría activo en esa búsqueda. Es decir, sería juez y parte, lo que evidentemente es contradictorio y no sería aceptado por los demás. Puede generar desconcierto conceptual el hecho de que existen actividades privadas en base a ciertas funciones monetarias, como la creación de medios de pago o reservas de valor, siendo el ejemplo más conocido el de los bancos.

En el debate contemporáneo, el surgimiento de las monedas digitales privadas llegó a celebrarse como la posibilidad de eliminar el monopolio de la emisión y regulación de las normas monetarias y la intermediación financiera del Estado. Si existe tal posibilidad en el plano superior de las abstracciones teóricas, es poco probable que gane terreno en el complejo mundo de las relaciones de mercado en las sociedades de mercado modernas. Esto se debe a que las criptomonedas privadas son instrumentos muy volátiles y por esta razón ya no tienen la demanda de calidad para ser el punto de referencia para precios y contratos, es decir, unidad de cuenta. Esta función es la central. Es precisamente por esta razón que el monopolio estatal en la gestión monetaria se revela como un bien público esencial.

Las criptomonedas privadas ya ejercen ciertas funciones monetarias, como reservar valor (como otros activos financieros) y medios de intercambio (o medios de pago). Esto podría continuar en el futuro. En contrapartida, nada impide que los bancos centrales adopten el formato digital para sus monedas. Este es precisamente el paso que China está tomando actualmente. Pero es el Estado chino que preserva el monopolio de determinar la unidad de cuenta de la moneda, mientras que las criptomonedas y los demás activos financieros y medios de pago privados deben referenciarse en alguna moneda estatal.

Si fuera meramente por la factibilidad material de la moneda, cualquier privado tendría las condiciones para emitir una moneda, sea digital o no, porque la posibilidad tecnológica y los costos de impresión son accesibles. Es decir, si conceptualmente fuera viable que un privado sustituya la moneda estatal, el hecho que sea digital no modifica en nada, y ya podría hacerlo. Por lo tanto, el surgimiento de una moneda digital no anula la cuestión de que esta seguirá siendo estatal.

3. El éxito de la moneda digital china significaría que está disputando el poder mundial financiero de EE.UU

China se ha convertido en la economía más grande del mundo en términos de paridad de poder adquisitivo, con 18% del PBI global, y la segunda en valores de mercado detrás de Estados Unidos. Además de poseer destacada participación en el comercio mundial de bienes y servicios y en la propiedad neta de activos financieros en el extranjero, presenta un progreso impresionante en capacidad tecnológica y sus empresas han asumido posiciones de liderazgo en varias áreas. La Comisión Especial del Congreso de los Estados Unidos declaró recientemente que “la competitividad económica y la seguridad de los Estados Unidos están bajo la amenaza del gobierno chino, que busca sistemáticamente el liderazgo en inteligencia artificial, nuevos materiales y nuevas energías”. Este éxito subraya la visión de muchos que el ascenso económico de China conlleve un nuevo orden financiero global, ahora estimulado por el proyecto de un yuan digital.

Disponiendo de una moneda sólo digital, el gobierno chino puede aumentar el control sobre las familias y las empresas, ya que los gastos respectivos para la adquisición de bienes, servicios y diversos activos serían más fáciles de rastrear, y aumentar la eficiencia fiscal. Además, como lo destaca una investigación reciente del Deutsche Bank, el gobierno chino puede obligar a las empresas locales y multinacionales a utilizar esta nueva forma de pagos, con efectos potencialmente beneficiosos en su estrategia de internacionalización. Estos y otros efectos son probables, pero ninguno de ellos conduce directa o automáticamente a un nuevo orden financiero. Hasta ahora, la moneda china tiene una participación marginal en las transacciones internacionales. El camino a seguir para que se consolide a nivel mundial es largo y sinuoso.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la moneda internacional es el dólar estadounidense, fortalecido luego de la caída de la Unión Soviética. En la actualidad, aproximadamente 2/3 de los activos de reserva de los bancos centrales del mundo están denominados en dólares. El dólar es la moneda líder en uso privado y público global para denominar contratos comerciales y financieros. La plataforma SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication) informa que, en abril de 2020, el 44% de las transacciones internacionales registradas en él se liquidaron en dólares. El euro aparece como la segunda moneda más negociada internacionalmente, con un 30% de los pagos totales. El yuan chino es la quinta moneda líder, con poco menos del 2%. En los últimos años, la moneda china disputa esta posición con el dólar canadiense.

El dólar es, muy lejos, la principal fuente de liquidez global y la mayor referencia para contratos comerciales y financieros. Según el Informe Cuatrimestral del BIS de diciembre de 2019, en la economía mundial el stock de créditos en dólares era US $ 65,4 billones, de los cuales había fuera de Estados Unidos US $ 12,2 billones. Medidos en dólares, los créditos en euros, la segunda moneda en la jerarquía global, llegaban a la mitad del stock mundial en la moneda estadounidense, y fuera de su zona representaban un tercio de los créditos en dólares. El stock en el yen fuera de Japón, tercera moneda global, equivale al 4% del estadounidense. El dólar también se destaca en las transacciones en el mercado de divisas, con un giro diario superiora US$ 6 billones. La moneda estadounidense aparece como contraparte en la mitad de estas transacciones. En términos de derivados, el dólar estadounidense participa en al menos 90% del volumen negociado en los contratos de swaps cambiarios. La moneda china fue la octava con el mayor volumen diario de transacciones en el mercado de divisas, según otra encuesta del BIS, y, al comparar los resultados de las encuestas de 2016 y 2019, registra un menor crecimiento en el uso del yuan.

Por lo tanto, si bien China se ha aproximado considerablemente a EE.UU. en aspectos de la economía ‘real’, en lo que hace a las variables financieras, sigue muy rezagada. La participación de los Estados Unidos en los flujos de divisas, en la designación de préstamos bancarios y emisiones de deuda, en la designación de contratos de comercio internacional, en el valor de las reservas de divisas de los bancos centrales, entre otras medidas, fluctúa entre el 50% y el 65% de los totales globales. Estas proporciones se han mantenido más o menos estables en las últimas siete décadas. Así, parece difícil que el poder financiero de Estados Unidos esté en riesgo.

4. El poder financiero de Estados Unidos

Siempre hubo pocas monedas nacionales con capacidad de ejercer funciones internacionales. En el plano internacional, a diferencia del plano nacional, no existe una autoridad máxima como lo es el Estado; por eso, tampoco existe una moneda internacional. Las relaciones monetarias entre naciones reflejan el poder de un estado en proyectarse fuera de su frontera creando un espacio monetario propio. Esto determina una jerarquía de monedas en función de la capacidad de poder de los distintos estados nacionales según aspectos militares, tecnológicas, económicas y sociopolíticas. En la cima de esta pirámide jerárquica se ubica la moneda emitida por el estado más poderoso del sistema internacional, que ejerce plenamente sus funciones como medio de intercambio, unidad de compra y reserva de valor. Ese país posee lo que la académica británica Susan Strange llama poder estructural: la capacidad de definir ‘las reglas de juego’.

En el aspecto monetario, al principio, se creyó que este poder estaba limitado por las reglas de convertibilidad y paridad del sistema patrón-oro promovido por Gran Bretaña en el siglo XIX—a pesar de que en la práctica no fue seguido al pie de la letra. Keynes en los años 1920 ya llamó ‘reliquia bárbara’ a esa visión que condicionaba la política monetaria a cierto stock de oro. El sistema Bretton Woods establecido por EE.UU. en 1944 limitó a ese vínculo directo únicamente al dólar, mientras las demás monedas lo estaban en forma indirecta determinando una relación con la estadounidense. Esta fue la base original de las actuales ‘reglas’ financieras y comerciales en el mundo: El patrón oro-dólar, la creación del FMI y el Banco Mundial, el sistema GATT-OMC, el Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN, etc.,

Estados Unidos fue el único país que no respetó estas reglas cuando creyó conveniente. Y también las repudió y reformuló cuando dejaron de coincidir con sus intereses estratégicos. En 1971, Nixon acabó para siempre con la limitación del dólar al oro y desde entonces el dólar no tiene ningún compromiso de gestión. Esa decisión en realidad sancionó la práctica que EE.UU. ya venía ejerciendo desde el comienzo ya que, en realidad, nunca se limitó a la paridad dólar-oro—que redundó en lo que los franceses reclamaron era el ‘privilegio exorbitante’ de poder emitir sin tener nunca que ajustarse.

En los 70, tanto Japón como Alemania presentaban crecimiento económico mayor que Estados Unidos. Sin embargo, no pudieron contener las presiones de la diplomacia financiera estadounidense, precisamente porque carecían del poder militar y político para hacerlo. Por esta misma razón, se inclinaron ante la fuerte diplomacia del dólar y la posterior realineación de los tipos de cambio a principios de la década de 1980. Lo mismo ocurrió con los países en desarrollo emergentes durante la crisis de la deuda externa de la década de 1980 y durante las crisis recurrentes en los años 90 y 2000. Estos episodios demuestran, con claridad, el poder de Estados Unidos.

Estados Unidos usó su poder monetario fehacientemente para recomponer las jerarquías internacionales a partir del shock de interés que aplicó Paul Volcker en 1979 como director de la Reserva Federal que condujo al mundo occidental a una grave recesión mundial. Los países europeos y Japón, así como del tercer mundo, que le venían disputando espacios de poder, pasaron a adoptar las políticas nacionales de apertura económica y, en especial, financiera (ausentes del modelo de Bretton Woods), que globalizaron casi totalmente al dólar como moneda mundial. Por lo tanto, el cuestionamiento al poder del dólar a inicio de los años 70 se convirtió en su total globalización dos décadas después, fortalecido además por la desaparición de la Unión Soviética.

Este poder del dólar fue construido incorporando países a su espacio monetario. A inicios del siglo pasado el presidente Teodoro Roosevelt les compró a Gran Bretaña y Alemania las deudas que tenía Venezuela con ellos para que no tengan razón para entrometerse en el continente americano en función de la Doctrina Monroe. Al pasar a dólares la deuda venezolana, ese país quedó a merced del poder monetario de EE.UU. Esto luego fue expandido en lo que se llamó la ‘diplomacia del dólar’ con nuevos países en el Caribe y América Central pasando a ser endeudados en dólares. En la entre-guerra el espacio monetario del dólar se expandió con los préstamos de los Planes Dawes y Young para resolver el problema de pago de reparaciones de Alemania y deudas franco-británicas con el propio EE.UU. durante la guerra. Esto se repitió durante la segunda guerra mundial y después el Plan Marshall y demás políticas de ayudas estadounidenses fueron expandiendo el área monetaria internacional del dólar. En la década de 1970 creció más con el endeudamiento del tercer mundo. Con la caída la URSS, los ex-países soviéticos también fueron incorporados al espacio monetario del dólar.

Por lo tanto, si China como potencia creciente pretende crear su propio espacio monetario no dependiente del dólar americano, el hecho de que su moneda sea o no totalmente digital no es relevante. Si China tuviese poder de crear su propio espacio monetario, lo haría con su moneda actual. Puede afectar positivamente en la visión que otros países tengan de su capacidad política, tecnológica y de gestión social. Pero esto sólo no es suficiente para sustituir al dólar como moneda global.

Esto tiene que ver con la dimensión de poder. Y si, así, como en el ámbito financiero China está desmesuradamente distante de EE.UU., en el aspecto militar, pese a un importante esfuerzo, también se encuentra muy lejos. Según la ‘Base de datos de gastos militares’ SIPRI, los gastos militares estadounidenses acumulados entre 2001 y 2018 ascendieron a US $ 12,5 billones o el 44% de los gastos globales del período. China gastó 2,6 billones de dólares o el 8,9% del total mundial. Incluso si se argumenta que los datos chinos están subestimados, la diferencia entre sus capacidades de inversión en el área militar excede las distancias en términos de tamaño de la economía o representatividad en términos de comercio global. En resumen, Estados Unidos en la dimensión militar también sigue siendo muy superior, así como su poder general en el mundo.

Moneda digital y poder global

En su último número The Economist trata del aspecto financiero en la rivalidad sino-estadounidense. Matthieu Favas afirma que “muchos asumen que el status quo está demasiado arraigado para ser desafiado, pero ese ya no es el caso. Se está formando un reino financiero separado en el mundo emergente, con diferentes pilares y un nuevo amo”. Esto a pesar de también registrar que “la fuerza de Estados Unidos dentro del sistema sigue siendo enorme. Cuando golpean catástrofes, el dólar sube. Sigue siendo la reserva de valor más segura del mundo y principal medio de intercambio. Eso hace que la institución que lo acuña sea el metrónomo de los mercados mundiales”. Lo mismo registra con las finanzas.

Para Favas tres cuestiones están modificando este cuadro. Primero, sostiene que EE.UU. se está excediendo en el uso de este poder, inclusive con sus aliados geopolíticos. Segundo, países emergentes procuran alternativas financieras accesibles y con un stock de deuda en US$ 2.8 billones su incapacidad de pago ante un dólar caro puede impactar en el sistema. Finalmente, el impacto del COVID-19 puede desintegrar el comercio mundial en espacios regionales abriéndole la posibilidad que China se extienda financieramente, pasando a “escribir sus propias reglas”.

Sin embargo, concluye afirmando que lo más importante es que Estados Unidos pierda la confianza para liderar en la visión de otros países: “la capacidad de Estados Unidos para garantizar la prosperidad global es el pegamento que mantiene unido el orden financiero. Con su legitimidad muy afectada, los renovados ataques al sistema parecen inevitables”.

Es decir, la posibilidad de que China domine el sistema monetario-financiero global depende sobre todo del comportamiento de Estados Unidos—y no tanto del chino. Si, finalmente, el dólar sucumbe en su dominio, que China haya inaugurado una moneda totalmente digital habrá sido un factor de poca importancia. No determinante.

Por otro lado, el análisis de The Economist pone demasiado énfasis en la confianza que el resto del mundo tiene en el dólar y no tanto en el poder que Estados Unidos posee al dominar los mercados monetarios y financieros mundiales, además de predominio militar, ideológico, diplomático y cultural en el mundo—y una economía real equivalente a la China, y un PBI per cápita muy superior.  Difícil pensar que no usará este poder para influenciar el desenlace futuro.

Sobre todas las visiones que apuntan, de una forma u otra, el derrumbe de Estados Unidos, en la última edición de Foreign Affairs Ruchir Sharma alerta: “La supremacía económica de EE.UU. ha demostrado repetidamente que los declinistas están equivocados”.

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